Esta leyenda mítica de Paraguay es sin dudas la más famosa, la que más circula por todas partes y es característica de este país. Recita algo similar a lo siguiente:

“Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, en medio de una gran selva cercana de los Saltos de Guairá, vivía tranquilamente una familia compuesta por un granjero, su esposa y una pequeña hija buena y hermosa.

En dicha selva el granjero tenía como tareas cultivar maíz, zapallo y otras verduras para proveer el alimento diario de la familia. Si contaban con condiciones de buen clima, las cosechas eran buenas, pero cuando el clima no era el más favorable se alimentaban de frutas y miel del monte guaraní.

Un día, al caer el sol, llegó a la granja una persona de aspecto agradable y gentil. Con pocas palabras le pidió al hombre que le permitiera pasar una noche con ellos, al día siguiente seguiría su camino. El granjero aceptó sin problemas, pues era un hombre de buen corazón.

Al amanecer, el viajero agarró su bastón y su bolso para seguir su camino, pero antes le dijo al granjero:

– Yo soy un enviado del cielo, he venido a enseñar y premiar a los buenos. Me llaman en estas tierras Pa’i Zume. Y como sabía que estabas viviendo en la soledad de la selva para salvar a tu querida hija de toda clase de peligros, he llegado hasta aquí donde encontré el más generoso hospedaje: me ofreciste la única gallina que tenía, y me diste tu cama. En premio a lo que he recibido de ti, haré que tu hija no muera jamás: la convertiré en planta. Los hombres cortarán sus ramas y le arrancarán las hojas, pero ella volverá a brotar más sin problema alguno.

El enviado del cielo se despidió y siguió su camino. Se fue hacia el lado del alba, a otros remotos lugares, quién sabe a dónde, llevado por la mano de Dios. La hermosa joven se convirtió en la planta del Ka’a.

Desde entonces, las ramas y las hojas cortadas de la yerba mate son tostadas y molidas para que después de cebadas, ya sea con agua caliente o fría, sirvan al hombre de bebida reparadora y estimulante.”